| Bellezas cruceñas. Las Moctezuma. Lindos ojos; hermosas ayer. |
APORTANDO: HISTORIA,CULTURA Y TRADICIÓN DESDE "LA CUNA DEL SON DE ARTESA". CRUZ GRANDE, GUERRERO, MÉXICO. AÑO VIII
"Aquel Cruz Grande" (D.R.) 2015.
IDEA,DISEÑO,IMÁGENES, TEXTOS Y REALIZACIÓN:
ELISEO JUÁREZ RODRÍGUEZ.
*Queda prohibida cualquier reproducción total o parcial, del material escrito o gráfico, sin el consentimiento de su editor.
*Derechos Registrados (2015). protegidos a favor del autor.
*Derechos Registrados (2015). protegidos a favor del autor.
miércoles, 10 de mayo de 2017
"AQUEL CRUZ GRANDE" *
En mi infancia jamás fui de los niños que fueran "a la leña". Inconscientemente mi madre nos hizo un gran daño, al no querer que sus hijos "fueran menos" que los hijos de los ricos del pueblo. Ella queriéndonos hacer un bien nos apartaba de nuestra realidad, es decir; nosotros debimos hacernos al campo y convivir con los niños pobres como nosotros. Durante parte de mi vida "compartíamos" con los niños popis del pueblo. Queríamos ser de su élite; como si fuéramos uno de los personajes de Federico García Lorca en alguna de sus novelas.
| Mi hermano Ricardo González. En la azotea del banco. |
Esa falta de roce con el pueblo, con lo niños de nuestro entorno, nos ganó fama de ricos, al mismo tiempo que cierto desprecio de quiénes sí lo eran. (Nosotros jamás tuvimos un rancho o una huerta).
Al empezar el curso en mi secundaria agropecuaria, empezó otra vez el acoso de mis nuevos compañeros que vieron la oportunidad de hacerme ver mi suerte.
Nunca había tomado una hacha o tarecua en mi vida. Cuando el maestro Mireles nos delegó por equipos la chapona de un terreno a Napoléon Trigo y mi; las ampollas de sangre en las manos se dieron en cuestión de minutos, ante la burla de todos.
Entre mis nuevos compañeros se encontraba uno que me hostigaba sin cesar. Era de los más chaparritos y de los más inteligentes; un líder nato. Al saberse ducho en las tareas del campo, no perdía la oportunidad de ponerme en evidencia. Evidentemente nos caíamos mal. Nuestros "mundos" eran diametralmente opuestos. Jesús Carmona Reachi -mi entrañable y admirado compadre hoy-, fue al principio mi principal hostigador en el salón de clases. Una mañana Mireles nos mandó por equipos a cortar postes. No recuerdo bien como fui a dar de compañero con él. Mi intención era que se enterara que ganas de trabajar no me faltaban y le quise demostrar que no sabía manejar el hacha pero que no iba de mirón. Al terminar de cortar los postes, había que cargarlos al hombro desde el cerro hasta la escuela. Para demostrar que era útil, cargué con entusiasmo uno de los postes más gruesos. El compañero que me ayudó a cargar me jugó una mala pasada. Al momento de descargarlo, se echó el otro extremo del poste del lado contrario del hombro donde yo cargaba. El consecuente golpe en el el oído que me derrumbó. Era tan grande mi pena de parecer un inútil que ni el tremendo golpe en el oído doblegó mi orgullo. Me paré inmediatamente sin proferir queja. Chucho Carmona empezó a entenderme y demostrando por primera vez un gesto de compañerismo me preguntó si me encontraba bien. Sin duda esa acción me ganó algún respeto de mi futuro compadre. Al paso de las semanas eramos inseparables. Formábamos una de las duplas que no sólo imitábamos y parodiamos las actitudes y voces de los maestros; sino que hacíamos equipo dentro del salón de clases. Éramos una especie de pequeños polivoces*-.
Como dije, nuestra "sociedad" también era para estudiar. Cumplíamos con las tareas incluso, desvelándonos en el taller de carpintería de la escuela. Nos ayudábamos en los concursos donde participábamos los dos. Mi compadre Chucho era quien me ayudaba en los exámenes con mis deficientes matemáticas y yo a le ayudé alguna vez a ganar el primer lugar del primer concurso de dibujo en que yo quedé en segundo lugar.
| Mi maestro, mi amigo, mi hermano. Mi compadre Chucho Carmona. |
Una noche mágica.
Pasó un año y mi madre me perdonó al saber que ya estaba otra vez estudiando. Su tiempo lamentablemente no le alcanzaba para estar al pendiente de mi. Así como no estuvo en mi terminación de la primaria, no se daba espacio para verme el festivales y asuntos de la escuela.
Recuerdo imborrable en la memoria feliz, es aquel festival en la cancha deportiva del centro del pueblo. Esa ocasión me tocó hacer 5 de los 10 números del programa.Tres skecths excelentemente montados y dirigidos por el maestro tamaulipeco Javier Muñiz. Uno de ellos parodiaba un incendio. El segundo -aplaudido a rabiar por la gente-, era otra parodia de Creendence el grupo de moda en la música moderna de aquel entonces. En este número yo imitaba al vocalista haciendo play back; mientras que Chope Lorenzo, Polo y Mencha la hacían de músicos roqueros con sendas pelucas que nos facilitó Linda, la estilista de moda de Aquel Cruz Grande.
Recuerdo que una de las pelucas más vistosas-color naranja-, se la había puesto Mencha.
-No, no, no. Esa peluca dásela a Tito-le instruyó mi maestro Javier-. No lo defraudé; hice que la gente aplaudiera y se carcajeara cuando bailando, involuntariamente, la peluca se me cayó. Fue un gran momento de mi adolescencia, me hacía notar y eso era lo que yo quería: llamar la atención.
Otro sketch que divirtió mucho a la gente de Aquel Cruz Grande, fue una parodia de una "cirujía a corazón abierto" a un alcohólico. Mi comicidad natural me hizo ganar los aplausos del público; cuando interpreté al cirujano preocupado, con un mano en la barbilla, dando largos pasos y vueltas en el escenario.
Por si fuera poco, esa noche también bailé el "Jarabe Tapatío" con Pina Meza. Fui el show del programa. Cuando felicitaron a mi mamá por mi participación, sólo atinaba a dar las gracias lamentándose no haber asistido a verme.
*Comediantes de la tv en los años 70.
*Pequeño fragmento de un próximo libro.
martes, 9 de mayo de 2017
¡EXCLUSIVA DEL BLOG! CARTA DE GENARO VAZQUEZ A ROMÁN MEJÍA.
INVESTIGACIONES ESPECIALES DEL BLOG...UN DATO IMPORTANTE ¿CUÁNTOS AÑOS TIENE NUESTRO MUNICIPIO?
Investigaciones del blog han encontrado evidencias que prueban que en el año de 1886 Cruz Grande ya era considerado municipio. Así lo consigna este documento emitido por el archivo general de la nación el 27 de enero de 1966. Ese escrito es firmado al calce por J. Ignacio Rubio Mañé, subdirector del archivo general de la nación.
En este histórico documento se informa que en la búsqueda de datos no se han encontrado más informaciones y que solamente hay indicios de que en 1788 hay un rancho llamado Cruz Grande que perteneció a Francisco Palacios y Castillo, personaje del que no sabe nada y al que se le menciona como un hacendado con propiedades en toda la zona, a las que se les denomina ranchos o "fincas rústicas".
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| Francisco O. Arce. Dio el nombre de hacienda a Cruz Grande. |
En 1872 la H. Legislatura del estado menciona a Cruz Grande como hacienda, tratamiento que le da el gobernador Francisco O. Arce. Ya en el año de 1883 se menciona a Cruz Grande como pueblo y finalmente según este documento nuestro pueblo en 1886 es considerado municipio. Nos complace poder aportar estos documentos que presumimos no se habían dado a conocer ya que son inéditos y nos aportan una información más cercana a la realidad que ni en los archivos estatales se encuentra.
sábado, 6 de mayo de 2017
ÁLBÚM DE ORO DEL BLOG...
UN AÑO DE LA MUERTE DE BERTOLDO MARTÍNEZ CRUZ....
BERTOLDO MARTÍNEZ CRUZ. LEYENDA DE UNA LUCHA SOCIAL QUE NO MUERE...
-No pasa nada -me dijo Mario "Cuca"-. Unos polecias motorizados llegaron a la casa de Florencio Felipe, pero nada qué preocuparse. Duérmete Tito.
Le vendí unos alas azules y cerré mi ventana, eran las 11 de la noche.
Encendí la tele y me dispuse a ver ¡Mala Noche No! con Verónica Castro. En media hora apagué la caja idiota y me acosté. Un sueño placentero se apoderaba de mi, pensando en el hermoso rostro de María y sus ojos café; en sus hermosas y torneadas piernas, en aquella breve cintura, en su juventud que había hecho mía. Oí a los perros en la calle, pelear alguna sobra de comida. Escuché la lejana carcajada de Huevo en el fondo de la calle de Manuel Basave y me entregué a Morfeo.
Caminó vacilante y buscó en la oscuridad con los pies descalzos los huaraches que estaban debajo de la mesa de la cocina. Su perro "el negro", se paró, lamiéndolo y sacudiéndose.
Bebió ávido, salió al patio y adivinó la hora. "Ya son las cinco y media" -se dijo-, cuando el estallido de los cohetes en el templo del pueblo le dio la razón. Una nueva y poderosa descarga sacudió el silencio de la mañana cruceña. "Ora sí se le pasó la mano con los cuetes a Las Conchitas, -pensó-, mientras se lavaba la boca y la cara, en la pila de agua.
Abrió el viejo ropero y sacó su camisa blanca para trabajar . Los pequeños dormían también; ni el estruendo de los cohetes mañaneros los habían inquietado. Salió de su casa y tomó la calle principal.
Todo parecía sereno, todo estaba como todas las madrugadas.
Pasó frente a mi casa y vió al Viejo Dorantes tirado, "dormir la mona"; sin advertir que yacía sobre un charco negruzco de sangre casi coagulada.
El plantón perredista que se manifestaba en contra de Pedro Nava y su aparente triunfo electoral, estaba en calma chicha. Los niscomes de nixtamal y pozole, bajo el enlonado estaban igual que siempre. Vio unos Sillones Acapulco, que nadie ocupaba. Tenían cobertores colocados como para confundir a quién viera de lejos el plantón; para que creyeran que los perredistas dormitaban en ellos.
Pasó frente a mi casa y vió al Viejo Dorantes tirado, "dormir la mona"; sin advertir que yacía sobre un charco negruzco de sangre casi coagulada.
El plantón perredista que se manifestaba en contra de Pedro Nava y su aparente triunfo electoral, estaba en calma chicha. Los niscomes de nixtamal y pozole, bajo el enlonado estaban igual que siempre. Vio unos Sillones Acapulco, que nadie ocupaba. Tenían cobertores colocados como para confundir a quién viera de lejos el plantón; para que creyeran que los perredistas dormitaban en ellos.
Siguió caminando y atravesando la plaza; voltéo hacía la patrona y se persignó, pidiendo la bendición a la cruz.
-¡Tú eres del plantón, eres de los revoltosos!-Le dijo el comandante tomándolo sorpresivamente por cuello, en la esquina de la casa del Dr. Ángel Octavio Molina.
-¡No señor, yo voy a trabajar soy chofer de una camioneta de pasaje!
-¡No te hagas pendejo, vienes de allá, del plantón!
-¡No señor yo vengo de mi casa, voy al crucero...!
-¿Qué dijiste?, ¡Ya los hice pendejos!, ¡Ya te chingaste! ¡Chapulín!,-dijo gritándole a uno de sus policiás-. ¡Écha a este pendejo a la camioneta de los dijuntos. Que duerma un rato con ellos, hasta que venga a darle su balazo!
Chapulín lo acostó boca-abajo en medio de los muertos.
-¡Abrácelos puto, a ver si como es, para andar de revoltoso es para acompañar a los dijuntos!-dijo el policía mientras echaba la llanta de refacción encima a Leopoldo.
-¡Yo no soy del plantón señor,-gritaba Polo-. Yo soy chofer y tengo un cuñado que es comandante de la motorizada, se llama José Cristiano!
-¡Cállese culero!- y Chapulín le enterró la culata del rifle en la mano a Polo.
-¡Cállese culero!- y Chapulín le enterró la culata del rifle en la mano a Polo.
"Nunca debí levantarme de mi cama", -pensó Leopoldo, al darse cuenta que los cohetones no eran de Las Conchitas en la misa de las seis y media; eran las fuerzas del estado intentando desalojar a los perredistas que tenían en su poder al ayuntamiento.
Cuando le quitaron la llanta, la sangre -aún caliente-, de otros difuntos que ya tenía encima-, le empapaba completamente la espalda y el abdomen.
-¡Te salvaste cabrón! Ya habló por radio, mi comandante José Cristiano. Levántate y lárgate, más vale que digas la verdad, porque si no te voy a encontrar donde te metas.
II.
Lo vi correr hacía el asta bandera a través de una rendija de la celosía en mi casa. Era un policía gordo y moreno de pelo indio y nariz ancha. Se intentaba parapetar atrás del monumento y atacar desde ahí, a los perredistas que estaban en la galera del ayuntamiento. Antes de llegar recibió la descarga de la escopeta de La Mona, que hizo el primer blanco desde mi Nissan; estacionada en el garage abierto de mi casa . Su pesado cuerpo quedó boca-abajo con un brazo extendido del que brillaba una pulsera de oro. Uno de sus segundos, un joven policía -que lo cubría-, se tiro al piso y pecho a tierra; avanzó tocando la esclava de oro. Queriendo quitar la joya a su comandante, se quedó quieto. También fue sorprendido por la escopeta de La Mona. Quedaron los dos policías "saludándose" de mano, como despidiéndose macabramente.
-¡Éntrenle hijos de la chingada, aquí está el pueblo cabrones! -gritaba una templada voz cruceña desde la galera que albergaba el ayuntamiento al tiempo que contestaba las ráfagas de R-15, con una escopeta recortada, pero con el coraje de quién defiende lo suyo.
-¡Óra sí, nos llevó la chingada!, mi mama me lo decía..!
-¡Cállate cabrón, ni pareces hombre! - le dijo uno de los líderes viejos a Millo, uno de los más jóvenes -casi un niño-, que llorando se arrinconó en una esquina de la galera-. Con el pantalón húmedo y visiblemente sucio de excremento, se lamentaba pensando que iba a morir.
La Mona desde la Nissan seguía dando concierto de balas. Su admirable arma amarrada con una liga roja gruesa, sonaba e impactaba, desconcertando a los policías que no ubicaban desde donde atacaba.
-¡Ábreme Tito, soy yo, tu primo, La Mona!
Una bala de R-15 que desperdigó esquirlas frente a mi, me hizo retroceder y retirarme de la puerta. Corrí hacía los cuartos del fondo. Los impactos ahora se escuchaban contra la pared de mi casa. El gobierno había ubicado la escopeta de La Mona.
Una bala de R-15 que desperdigó esquirlas frente a mi, me hizo retroceder y retirarme de la puerta. Corrí hacía los cuartos del fondo. Los impactos ahora se escuchaban contra la pared de mi casa. El gobierno había ubicado la escopeta de La Mona.
Subí a la azotea de mi casa y Rafael el gerente de Somex-que era mi inquilino- estaba sentado en la cama de su cuarto escuchando todo, en actitud de espera resignada.
El cura del pueblo, Agustín Quiñonez salió a llamar a misa de manera temeraria sin medir consecuencias. Sus campanadas nos confundieron a Rafa y a mi, haciéndonos creer que el combate había terminado: una ráfaga violenta sacudió las paredes del templo. Allá a lo lejos, en el barrio de Playa Larga, en la capilla de Lourdes o Lurdes- que de ambas maneras suele y puede decirse-; alguién en el cerrito, contestó con más campanadas el llamado de Quiñonez. Estas campanadas -sí,- arengaban al pueblo a defender a los que estaban en el plantón.
-¡Rafa ya se fueron los policías, se retiraron! -le dije-. Caminamos los dos hacia la bardita de la azotea para ver hacia la calle, vi hacía el fondo de la Cuauhtémoc solitaria. Todo parecía en calma.
-¡Cuidado, arriba, en la casa amarilla! -alcancé a ver que gritaba uno de los cuicos que estaba escondido frente a la casa de los Gatica-. Levanté los brazos en señal de paz, retirándome agachado hacía el cuarto del fondo.
-Hay que bajarnos a las habitaciones del primer piso-, dijo Rafa.
Estábamos todos, mi familia , Rafael y yo, en el cuarto pegado al curato. Por el tragaluz vimos una bota que caminaba por la barda del tejaban. Era un policía que intentaba entrar al interior de la casa.
-¡Déjennos en paz, aquí está una familia, nosotros no somos del plantón, gritó Tere! Escuchamos un impacto de cuerno de chivo contra la pared y el policía rodó por el tejaban cayendo adentro del curato.
Ya casi eran las doce del día y el más pequeño de mis hijos lloraba de hambre. Arrastrándome llegué al estante de mi tiendita y tomé un bote de leche. La balacera afuera continuaba.
III.
Se había quedado a dormir arriba del kiosko, el tropel y los carros de policías llegando y disparando en la boca-calle, le hizo tomar su arma y desde ahí, bajó contestando a los invasores. Corrió hasta la casa de Ma´ Gonche; tenía que hacerlo, sabía que eran pocos los compañeros que estaban de guardia esa mañana. Al llegar al tamarindo que estaba enfrente, algo caliente le penetró la espalda. Alcanzó a llegar a la puerta y tocó. Estaba herido a la altura del hombro; sus parientes intentaban auxiliarlo, la hemorragia era intensa. El Reparador -su primo político-,le abrió la puerta, no hizo caso de la herida de Faki; tomó una silla y atisbando por arriba de la puerta, disparó con precisión su beretta 380. En la azotea de su vecino, otro ex-militar también accionaba con mucho tino una 9 milímetros.
-Rommi y su familia fueron desalojados de su casa, por otro grupo de policías estatales,con su hermano Jorge-Licha y sus hijos. Bajaron queriendo salir por el corral de la casa de Vito Manzo, su vecino. Intentaba desatar un mecate que amarraba una puerta de fierro viejo del corral que dividía las propiedades. Nervioso, no atinaba a deshacer el nudo, mientras su hermano, su cuñada, sobrinos; mujer e hijos esperaban. Un policía los veía desde arriba en la cocina de Silvia, donde defacaba.
-¡Quítate carnal! -gritó Jorge-Licha a Rommy-, tirando de una patada la puerta. Salieron a la Cuauhtémoc, casi frente a la casa de don Daniel Reynoso. A unos metros velaban el cuerpo de Ma´ Píndola Acevedo. Los dolientes y la poca gente que les acompañaban en el velorio; sólo escuchaban las descargas de todo tipo de armas.
Ya eran las 6 de la mañana, los policías del estado copaban el perímetro del primer cuadro del pueblo, dejando libre únicamente el lado norte de la calle Florencio Villarreal.
Faki sabía que si llegaba a la patrona por la parte de atrás de la casa podría sobrevivir. Los policía se dieron cuenta que alguien de los perredistas se había metido ahí, pero ninguno de ellos lo vio más.
Tres mujeres embozadas salieron abrazadas de aquella casa, doblaron a la izquierda y subieron hacía el templo de la loma; lo tenue de la luz no permitió ver a los del gobierno, que "una de ellas", iba sangrando.
Faki sabía que si llegaba a la patrona por la parte de atrás de la casa podría sobrevivir. Los policía se dieron cuenta que alguien de los perredistas se había metido ahí, pero ninguno de ellos lo vio más.
Tres mujeres embozadas salieron abrazadas de aquella casa, doblaron a la izquierda y subieron hacía el templo de la loma; lo tenue de la luz no permitió ver a los del gobierno, que "una de ellas", iba sangrando.
IV.
-¡Sáquela compadre, ahí está debajo de la llanta de su carro!-me dijo mi compadre El Gato, cuando terminó la batalla-.
-No compa, sáquela usted si quiere..
Los policías observaban discretamente hacía la Nissan y esperaban -para inculparme-, a que yo sacara la escopeta vieja de la liga roja. Jamás lo hice.
¡No te voy a dejar aquí! -me dijo mi mamá-. Voy a ir preocupada, vamonos a México a vender el tamarindo y sirve que me acompañas. Obedecí y compré los boletos en la terminal de autobuses Estrella Blanca, que estaba frente a la casa. Saldríamos por la noche.
Noriega el comandante del operativo de desalojo me vio salir y abordar el autobús con mi madre. Interpretó que yo iba huyendo.
-De aquí se le disparó al gobierno.
-¿Y? -le preguntó al comandante mi tía Isaura.
-El dueño de esta camioneta es perredista...
-¡Aquí todos sómos perredistas comandante! Eso no quiere decir que todos hayan matado. ¡Para lo limpio no se necesita jabón!
-Sabemos que el dueño de este vehículo participó. Hay una escopeta debajo de la llanta de esta camioneta y me voy a llevar el carro consignado. Deme la llave, allá lo reclaman en Chilpancingo.
-No sea ridículo comandante, -dijo el mayor médico militar J.J, Gómez-, mi compadre no dispara ni en defensa propia; la escopeta la pudo meter cualquiera; el garage es abierto. Las llaves no se le van a dar. Abra el carro si quiere llevárselo, pero tomaré nota de todo lo que tiene adentro y usted va a responder por lo que se pierda.
-Con la ambición en los ojos, Noriega violó la chapa del carro con un desarmador y se llevó mi Nissan.
-¿Es usted? -me preguntó un licenciado de la procuraduría en Chilpancingo, mostrándome un foto-montaje de un tipo parecido a mi, apostado en la azotea de mi casa; con una escopeta. Esa foto también circulaba ya en la revista proceso del 15 de marzo de ese año; sólo que la que me mostraban parecía ser "original"-.
-No.-contesté-.
-No.-contesté-.
-¿Conoce esta arma?-y sacó una vieja escopeta amarrada con una liga roja-.
-No.
Esta bien me dijo y me dio las llaves de mi carro, fui al estacionamiento donde la tenían y vi que faltaba el autoestéreo. Quería reclamarlo pero mi madre me calló.
-¡Vamonos! -me dijo.
Llegámos a Aquel Cruz Grande a las cuatro de la tarde.
-Quiero que le pases en la narices a ese comandante, -me ordenó-. Obedecí y me paré con mi Nissan un rato frente al comandante Noriega. Mi madre lo miró fijamente. El policía no le sostuvo la mirada, se levantó de su banca de madera y se metió a la comandancia.
Por la noche tomábamos con Rafael unas cervezas en el Osmi, frente a mi casa.
-Pos si usted sabe que le matamos policías échenos presos... -Le dijo Rafael al comandante Noriega que había entrado a cenar. Tomó una mesa frente a nosotros para -claramente-, intimidarnos.
-Pos si usted sabe que le matamos policías échenos presos... -Le dijo Rafael al comandante Noriega que había entrado a cenar. Tomó una mesa frente a nosotros para -claramente-, intimidarnos.
-¿Y yo para qué quiero presos políticos?-nos dijo con una sonrisa macabra-. Rafa tragó saliva y apagó el cigarro con el zapato.
-¡Vámonos Tito! dijo nervioso...
A los verdaderos PERREDISTAS.
Joaquín Ignacio.
Nicolás Pérez.
"La Changa".
"El Repa"
"Mayto".
César Abelardo Ramírez Ramos.
Dr. Bertoldo Martínez Cruz.
Y... a todos aquellos que enseñaron al pueblo a luchar por la dignidad y la libertad de Cruz Grande.
(Eliseo Juárez Rodríguez).
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