"Aquel Cruz Grande" (D.R.) 2015.

IDEA,DISEÑO,IMÁGENES, TEXTOS Y REALIZACIÓN:
ELISEO JUÁREZ RODRÍGUEZ.
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*Derechos Registrados (2015). protegidos a favor del autor.

viernes, 26 de febrero de 2021

Primeros maestros de la ETA 106, hoy EST13.

De aquella pléyade de nuestros legendarios primeros  maestros en nuestra querida y recordada secundaria, solo dos, no provenían del norte del país. Uno -como sabemos- era el profesor Eligio Tavares originario de la Costa Grande y el otro era un "paisano" de Ayutla. Su nombre: Casimiro Castrejón Romero.

Por medio de Alfonso Portillo quién fue director fundador de la legendaria escuela, íbamos conociendo a cada uno de aquellos jóvenes mentores.  Portillo retrataba con grandilocuencia las cualidades de cada uno de ellos. "Casimiro aparte de ser profesor de ciencias naturales, es un excelente dibujante" dijo en alguna plática informal en la canchita de Basket-bol en el centro de Aquel Cruz Grande.

En efecto, Casimiro era un buen maestro, su talento y personalidad no desmerecieron ni desentonaron con sus compañeros de la plantilla docente. Su 1.80 lo hacía rivalizar en estatura con el hidalguense Conrado Benítez maestro del taller rural.

Sin ser el prototipo del galán de telenovela, cortejó a una de las más hermosas flores de aquella bella etapa de nuestro pueblo.  Diana Carmona Calderón se convirtíria en su esposa en dos años mas. Casimiro indudablemente nació con gran talento y muy buena suerte pues no solo corto la flor mas hermosa sino que en aquella sonada boda, recibió como regalo de bodas un volkswagen sedan muy buen carro para aquella época.


Una vez ya casado Casimiro siguió laborando en la escuela secundaria. Incursionó en la política municipal y aspiró en (algún momento) a la presidencia de la misma sin llegar a ocupar tal cargo.  A finales de los años 80, el profesor Castrejón Romero deja su cargo como director de la técnica 13 (antes ETA 106) para tomar puestos más relevantes dentro del magisterio en la zona. Combinó su labor docente con actividades agropecuarias. Se le veía por las tardes, cruzar el poblado montado en su tractor.

Hace unos años la vida le deparó un trago amargo al perder a su primer hijo varón y Casimiro poco dado a hacer vida social tuvo un motivo más fuerte para seguir en el constante enclaustramiento familiar.

Sin duda la labor que realizó sobretodo como maestro fundador de la legendaria escuela tecnológica agropecuaria, queda grabada con letras indelebles. 

(Eliseo Juárez).

domingo, 24 de enero de 2021

Cómo llegué al nido de Coapa...



El llegar a trabajar a la Ermilo Abreú Gómez en San Juan Tlihuaca de la delegación Azcapotzalco fue una de las más hermosas experiencias de mi vida. Ahí en esa escuela secundaria, conocí a personas inolvidables, grandes amigos que se quedaron para siempre en mi corazón.

Uno de ellos es sin duda Abel Mendoza Flores maestro de biología. Con apenas 23 años me era fácil hacer amigos y fue así como trabé amistad con él y otros profesores; en especial con Reynaldo Díaz Contreras y Raúl Lucero, que impartían electricidad y electrónica respectivamente.

Las noches de viernes de pizza y cerveza que en ocasiones terminaban en Acapulco fueron anecdóticas. Empezábamos en el Shakey's Pizza de las torres de Satélite, brindando con tarros de cerveza y comiendo. De pronto nos descubríamos por la libre de Cuernavaca bebiendo, con rumbo a Acapulco. Los humos de la cerveza y las rolas de Camilo nos hacían ir cantando y discutiendo tonterías hasta llegar a Cruz Grande.

Así también conviví con Abel que era más serio y más grande de edad que Reynaldo y Raúl. Manejaba una Caribe detrás de su viejo Rambler visitando tugurios y cantinas de mala muerte por los rumbos de Cuautitlán Izcalli. Abel era solo un compañero que me brindaba su amistad pero con el tiempo se hizo más que mi hermano.

Estando de vacaciones en Cruz Grande, una mañana de Semana Santa, salí al balcón a estirar los brazos, estaba apenas despertando cuando vi sentado en una banqueta del jardín al negro Abel, sólo con su pequeño hijo Patricio. Le llamé e invite a que pasara a mi casa.

Esa fue la primera de muchas visitas. Le gustaron tanto el pueblo y las playas que sus vacaciones las pasaba con nosotros en compañía de su familia. 

Una noche de repetidas rondas cerveceras me dijo: Tú eres un gran amigo y te quiero hacer un regalo que se te va a gustar. Eres fanático del América. ¿Te gustaría conocer el club América? -Tu sabes que si, pero cómo entrar ahí, el acceso está restringido. 

Yo te voy a llevar-me prometió-. 

Creyendo que todo era producto de las cervezas ingeridas no tomé en serio su promesa.

Abel nunca me dijo que había sido arbitro profesional y que era preparador físico de clubes de Futbol. Su hermandad con Ángel González Monter, visor del centro de formación del Club América le permitía el acceso no solo al nido de Coapa sino a muchos otros clubes de Futbol de la primera división. 

Fue de esa manera cómo realicé uno de mis más grandes sueños: pisar las canchas donde entrenaron y siguen entrenando jugadores y leyendas del club más importante de México.

Con el paso de los años, me hice conocido de Francisco Hernández Pineda "Panchito" cuya figura en el club es legendaria. Él era en su momento quien hacia contrataciones y decía la ultima palabra en el Club América. Tuve la suerte de compartir el pan y la sal con el hombre fuerte de mi equipo favorito. 

Panchito me invitó en algunas ocasiones al llamada palco presidencial, ahí donde se entregó la copa del mundo a Pelé y Maradona. Desde ese palco y como invitado especial disfruté partidos de las águilas. 

Así llegue a Coapa donde conocí a Carlos Hermosillo que me ha honrado con su cariño y amistad. Gracias a Abel Mendoza Flores.








sábado, 23 de enero de 2021

Nuestra historia.


"Que triste es perder un amor, 
tan triste, tan triste como un dia sin sol. 
Como un ciego sin bastón,
qué triste es perder una amor".
(Josué)


El añoo lectivo 75-76 vivía sus últimos días. Solo unos meses atrás me habias dado el sí. 

Era doloroso para los dos separarnos, buscabamos vernos a pesar de que no podias salir ni acudir a las fiestas, tu tío no permitía ningún tipo de libertades. 

El salón modelo administrado por Lupita, era nuestro refugio y escogiamos la mesa más apartada. Llorábamos abrazados por la inevitable separación, pronto estarías en Chilpancingo estudiando la normal. En la rockola las notas de "Volveré" de Diego Verdaguer acompañaban mi tristeza. 

Llegó el momento y partiste. No pude cumplir mi promesa de esperarte y sin pedir el permiso de nadie me fui también a la capital de estado. 

Pronto me inscribí en la ESFAID para estudiar el tercer año de la secundaria. No me importaba nada sin ti, mi vida ya no tenía sentido. Te esperaba a la salida de tus clases por la noche y platicábamos tomados de la mano en la alameda.

Una noche de baile popular en el patio del ayuntamiento de Chilpancingo, juntos y abrazados vimos todo el concierto de Los Terricolas. Eran sensaciones nuevas, aquellos momentos no los habíamos vivido. No tuviste que pedir permiso a nadie para ir al baile y por fin, empezábamos a conocer la libertad.

Sucedió lo que tenía que pasar y desde esa noche ya sabíamos que eramos uno solo y que nuestro destino estaba sellado. 

Vinieron las vacaciones de diciembre y ni tu ni yo teníamos idea del maremágnum que nos esperaba. Tu embarazo era de tres meses y al darse cuenta tu tío te corrió de su casa.

Fe Divina, (amiga en común) me fue a despertar. Eran casi las 11 o 12 del mediodía. Yo estaba crudo y desvelado. 

-Allá afuera esta Tere, - me dijo-. Dice que la corrió su tío.  

La noticia me sorprendió más nunca pasó por mi mente hacerte a un lado, o rehuir de mi responsabilidad; empero tampoco estaba en nuestros planes casarnos.

-No te preocupes -te dije- nos vamos por la noche a Chilpancingo, no nos vamos a casar, solo viviremos juntos y después ya veremos.

No se ni como rayos conseguí dinero, yo que generalmente andaba sin un clavo. No pensé comunicarle a mi madre la situación. Inocentemente urdí un plan de "escape". 

-No podemos irnos en estos momentos, nos verá todo el mundo abordar la flecha. Vámonos mientras, a esconder en la casa de mi padrino Colo. Saldremos de ahí, en cuanto oscurezca. (fue lo primero que se me ocurrió). 

Una casa cerca de la poza en las orillas del pueblo, con rumbo a las marías, fue testigo del amor que nos teníamos.

Al llegar las dos de la tarde se me presentó el primer problema: teníamos que comer.

El más pequeño los Rafaela fue a llevarles alimento a los cerdos que tenían en el patio. 

Al verme supo ocultar su sorpresa de vernos instalados en la "recamara".  Ingenuamente le pedí discreción y que por favor me llevara dos órdenes de cecina.  El chamaco asintió sin decirme lo que realmente iba a hacer.

Llegando a su casa que era "El Restaurante Katy" (hoy "Elenita"), lo primero que se le ocurrió fue decir: "Tito esta de novio en la casa". 

Nos llevó la comida sin comentar nada y se regresó otra vez a su casa como si nada hubiera pasado.

Iban a ser las seis de la tarde. Ya casi llegaba la noche y la hora de partir a Chilpancingo cuando repentinamente se apareció mi hermano mayor.

-¡Vámonos para la casa! Mi mamá ya los está esperando. 

-Alcance a protestar lacónicamente pero todo mi voz se fue apagando dando paso al cumplimiento de nuestro destino. Caminamos tomados de la mano ante las miradas curiosas de mis vecinas las Pérez. Llegamos a la casa que Emilio Vázquez Jiménez construyó a Eleuteria Genchi "La Sanmarqueña" y que rentabamos a Rosita Genchi, ahí donde nació nuestra segunda hija, (Ely). Hoy esa casa ya no existe, hay ahí un oxxo.

Rápidamente doña Ruffus comisionó a mi padrino Virgilio Calderón,"Bolillo" en compañía de otros vecinos, para que en ese instante fueran ipso facto a "pedir el parecer".

La respuesta de tu tio fue contundente. ¡Que se case mañana mismo por el civil, porque el chamaco es "muy inquieto"! 

La feria navideña de Cruz Grande estaba instalada y el restaurante de mi madre ofrecia una variedad de mariachi todos los dias. Su contrato duraba 15 dias y era patrocinado por la cerveceria Cuauhtémoc. Aún les quedaba una semana para finiquitar su compromiso de trabajo. Mi madre les ofreció firmarles la liberación a cambio de amenizar toda nuestra boda. Los músicos aceptaron gustosos. A pesar de no haber planeado nada, nuestra boda por lo civil fue algo inolvidable. Era el ultimo dia de 1976 y llegabas a mi vida para nunca irte más. 

Hoy recordé parte de nuestra historia. Hoy que celebro contigo una aniversario de tu nacimiento...



miércoles, 20 de enero de 2021

¡Cuanto hemos cambiado!




"Altivo y majestuoso, te contempla, 

el Cerro de Camacho y los Pocitos

y parecen felices vitorean, 

tu futuro feliz bello pueblito..."

Carlo Manzo Mejía.




Han pasado mucha agua bajo el puente de las marías, a más de cincuenta años. 

¿Acaso la poética premonición del vate Carlos Manzo de "tu futuro feliz" se cumplió?

No lo sé, hoy eres otro lugar y sin la misma gente aunque parezca mentira. Son muchas más las caras desconocidas que las que puedo identificar. Eres el Cruz Grande de bancos y empresas afincadas en tu suelo. 

Del cancino paso de los borricos y caballos, al trafico de vehiculos dia y noche, de los expendios de gasolina a las modernas franquicias de PEMEX, de las modestas pero "familiares" misceláneas a los oxxos a cada paso, hay un largo recuerdo solamente.

Tu no eres Aquel Cruz Grande de aquellos niños que íbamos a la primaria sin uniforme y descalzos que a la hora del recreo, sin un clavo en la bolsa, corríamos "a tomar agua" hasta nuestra propia casa; a los que hoy se niegan a asistir a clases si no llevan cincuenta pesos para el recreo. 

El deseo de volver a vivir esos ayeres es nostalgia de todos los días. Quién te vio amado Cruz Grande y quien te ve hoy no te reconoce. Ya no eres tú. 

Es agradable recordarte. Todos nos conocíamos. Identificábamos una a una a todas las personas y sabíamos a qué se dedicaban. 

Las mañanas silentes. Las vendedoras de leche en el corredor de don Carlos Manzo, los olorosos tamales chocos, las vendedoras de flores que casa por casa ofrecían ramilletes mientras se escuchaban los primeros acordes de las mañanitas con Pedro Infante, recitando "en la fresca y perfumada mañanita..." 

Al terminar la melodía, la voz de don Octavio Molina el Capi, daba a conocer a quien ese día, festejaba su cumpleaños. Una vez que se daba a conocer el nombre del cumpleañero, sus amigos más queridos elaboraban una lista de canciones -generalmente cinco- acompañados precisamente con el billete de cinco pesos. Cada uno de los que felicitaban al festejado en turno dedicaba "Las mañanitas", "En tu día", "Mi Regalo" y luego un par de canciones que estuvieran de moda, como por ejemplo "Carta Fatal" con Los Jaibos o "Virgen de mi soledad" con Jorge Valente. Antes de escuchar cada número musical, el Capi, con una voz clara y bien modulada pronunciaba el motivo de las dedicatorias y nombre de la festejada o festejado.  

¿Quién vio tus calles que bañaron de polvo mis infantiles pies? 

Veo y escucho (como si aquí estuvieran) a todos los personajes de aquel pueblo tranquilo y apacible. 

Lo mismo recuerdo a Ruffa y sus rebosantes vitroleros con aguas de horchata y limón, en la esquina de la casa de Doña Mariana Flores, (hoy esta una tienda de teléfonos) y frente a ella -ahí donde está ahora una farmacia-, el recuerdo todavía ve las gentes de las comunidades, ganaderos y otros, esperar pacientemente desde temprana hora, hacer o esperar alguna llamada de larga distancia. 

Era común observar que hasta por tres días consecutivos se aguardara a que "hubiera línea" o que la persona deseada se comunicara.

Los que te vivimos, te considerábamos bronco y hasta salvaje. ¡Cuán equivocados estábamos! en Aquel Cruz Grande, las pugnas eran entre familias y la seguridad estaba casi garantizada para quien no tenía problemas. Los "armeros" respetaban -por lo general- al resto de la población. Hoy mírate, no sabemos ni conocemos donde pueda surgir una situación de riesgo. Los que te conocimos hace más de 60' años, te extrañamos...



martes, 19 de enero de 2021


Te miro y pareces dormida. 

Aprisionan tus manos, ramito de azahar.

Un sueño profundo y muy triste, del que ya nunca, te despertarás.


"Vestida de novia"

(Palito Ortega.)







Podría pasar la vida lamentándome el tiempo que perdí sin disfrutar de tu querida presencia, pero prefiero recordar los momentos en que fuiste feliz conmigo. Es tan corto el amor y tan largo el olvido que se pasa el tiempo sin identificar el color de la felicidad. Me sorprendo a mi mismo recordando cuando disfrutabas estar en familia. Nada te ponía tan contenta como verme alegre por estrenar tenis o comprar ropa o aparatos electrónicos. Por esa alegría que sentías al verme feliz viendo ganar al América, te hiciste más americanista que yo al grado de que tus niveles de glucosa se disparaban peligrosamente si el equipo perdía. Adquiriste el conocimiento del balompié y sabías de táctica elemental. Criticabas cambios y alineaciones como el más avezado de los fanáticos.

-"Parece que estás estrenando tú".- te reprochaba divertida mi hija Ely, a ver que te ponía feliz verme estrenar, como niño (con zapatos nuevos). ¡Qué curioso, pocos conocemos esa manera de ser feliz, viendo la alegría en otros! Yo no era simplemente otro para ti. Era tu artista, tu galán, tu novio y tu hijo mayor.

Nunca tuve una relación sincera por parte de los tuyos. Por darte gusto, aceptaban que yo fuera a sus convivios. Igual yo, si acudía a fiestas y cumpleaños era por darte gusto. Me sobrevaloraste en todo lo que hacía mediocremente. Cualquier logro mío por pequeño que fuera lo ponderabas hiperbólicamente. Lo más seguro era que tus familiares se enfadaban al verme en su casa y más aún si tenían que soportarme al verme tocar la guitarra y cantar. Yo iba a regañadientes pero por dentro sabía que si con algo te tenía que pagar tanto amor era haciendo lo que tu querías y si con ello lograba enfadar mas a quien no me quería, pues...qué mejor.

Sí, era tu artista y yo, lo sabía. Fue por eso que al verte inerme, dormida para siempre, te canté desde que te colocaron en nuestra sala por última vez. Nadie sabe (ni jamás sabrá) el fondo y la forma de nuestras vidas. Nunca me hubieras perdonado que no te cantara aún cuando ya dormías el sueño profundo. Simplemente no me lo hubieras perdonado. Lo que opinara "Chana o Juana" nunca estuvo en mi presupuesto de autocensura o censura extraña. Cumplí en lo único que pude darte gusto como lo hice en la muerte de nuestra hija, porque finalmente algunos de los Juárez somos así. ¿Te acuerdas de mi querida tía David Juárez Alarcón? Tengo retratada la imagen aquella cuando antes de morir, redactó una larga lista de canciones y melodías que la orquesta tocó a escasas horas de que falleciera. Boleros y otros números musicales que hicieron que sus hermanos (mis tíos) se levantaran y se fueran del velorio refunfuñando contra mis primos: 

-Ya ni la chingan ustedes, como se les ocurre esa música. 

-No tío, fue la voluntad de ella. 

Seguramente, mi inolvidable tía sonreía divertida, viendo como las canciones les llegaban a sus hermanos, haciendo recordarles tal vez situaciones personales... (tal vez).

Igual tú, se que me escuchaste y que no te fallé: te brindé tal vez lo único que pude darte y lo hice hasta que te fuiste físicamente de tu casa.

Te extraño.

martes, 24 de noviembre de 2020

Canciones de Aquel Cruz Grande...

"No te importa, 

si vives desechada,

sombra venenosa, 

sombra hechizada"...


La historia detrás de una canción.

La música tiende a transportarnos en el tiempo. Tiene una magia que nos lleva instantáneamente a lugares y momentos del pasado ; reviviendo imágenes y personas que fueron parte de nuestro entorno.

Así, en esa maravillosa "máquina de tiempo", puedo recordar con cariño a personas ilustres de Aquel Cruz Grande como Don Felipe Gatica, pidiendo al mariachi o al guitarrista le cantara "La pajarera" o "La prieta linda",  melodías que a su vez le recordaban momentos y personas en su vida. Quiénes le conocimos lo vimos emocionarse y sacar alguna vez su paliacate rojo para enjugar alguna lágrima evocadora. 

Corrían los últimos meses de 1969, la calle cinco de febrero, (hoy pavimentada) era barrancosa, hendida y pedregosa. Esa calle durante esos hermosos años, era nuestra "zona roja". Desde su inicio albergaba salones de billar y cantinas donde se disfrutaban los placeres propios de la farra y el ocio. En ella recuerdo también uno de los dos primeros molinos de nixtamal (propiedad del extinto Miguel Jacinto), el otro funcionaba en el centro del pueblo y pertenecía a doña Elisa Gatica, abuelita de nuestros conocidos "Bolillo", "Güero Licha" y Rommel Calderón.

Regresando a nuestros relatos de la calle cinco de febrero, decíamos que era el "atractivo" matutino, vespertino, pero sobretodo noctámbulo para los adultos de Aquel Cruz Grande. Los jóvenes de aquellos años que se atrevían a entrar a aquellos lugares  non sanctos corrían peligro de ser detenidos por la policía municipal o peor aún por los terribles y temidos rondines militares. Para poder justificar la presencia de un parroquiano se le exigía portar su cartilla de servicio militar como prueba de su mayoría de edad. Con tal documento sólo se necesitaba el recurso económico y tener la suerte de no encontrar las mesas (y meseras) ocupadas por algún militar uniformado ya que ellos gozaban de la preferencia de cortesanas y prestadores de servicio de barra. "Competir" por una mesa con un simple soldado raso, en aquellos años era complicado y riesgoso.




Sonaba en las rockolas de aquellos antros la música de (entre otros), Javier Solís con "El mal querido", "El Loco" y muchas más. "Los Alegres de Terán" con "Los pilares de la cárcel", Chelo Silva con "Cheque en Blanco" e "Imploración". Fue en ese año y en las rockolas de esas cantinas que escuché al que para muchos colombianos es considerado el mejor acordeonista, ese era Aníbal Velázquez, que con un disco sencillo de 45 rpm (revoluciones por minuto), sonaba de día y de noche con "Ayúdame a vivir" y "Sombra Negra". Esta ultima canción se quedó en el gusto y el recuerdo de Aquel Cruz Grande. Las generaciones de hoy la escuchan en interpretación de Aniceto Molina sin saber que su éxito viene desde aquellos años en su versión original con Aníbal Velázquez. Esta querida melodía está seguramente en el recuerdo de papá y mamá pues en algún festejo o reunión de la gente mayor se solicita casi siempre escucharla. La letra de esta melodía realmente en partes es inaudible pero su temática alude sin duda al amor desafortunado. Sin duda es un número musical que simboliza las décadas 60' y 70'.


Un personaje muy popular en las décadas de los finales de los 60, los 70 y parte de los 80 fue sin duda Marcos Delgado Molina "Camarona" o simplemente "Camo". Simpático y ocurrente solía ser el líder de aquellas generaciones. Lo mismo "dirigia" a la "selección de futbol" u organizaba con gran éxito bailes populares en la cancha municipal ( hoy jardín). 

Un ocho de septiembre de 1986, Marcos Delgado a las 7 de la mañana, vivía sus últimos momentos. Las notas de "Sombra Negra" se escuchaban lejanas para él a pesar de que Cipriano Jijón y su banda musical estaban una cuadra de su casa. En su lecho, le habló a su esposa: 

-Oye Mica, están tocando "Sombra Negra"...



(Con cariño y respeto para ti, amigo Marcos).


lunes, 10 de agosto de 2020

ESOS FUERON LOS DÍAS...





Era una tarde gris y gélida. Esperábamos la salida de nuestro autobús rumbo a Acapulco, en aquella terminal de autobuses de "La Flecha Roja", ubicada en San Antonio Abad.  
Los pequeños ojos de Doña Ruffus nunca dormían a pesar del cansancio. Ella observaba siempre el movimiento de la gente, poseía un sexto sentido que le daba cierta ventaja al intuir un negocio.
Mientras yo me distraía viendo la tienda de los discos o leyendo un periódico, mi madre, no despegó la mirada de un hombre robusto, de frente amplia al que yo encontré (en ese momento) tremendo parecido al "Carnal Marcelo". 
Este simpático señor ofrecía pregoneramente dulces de tamarindo y cocadas que sobre una tabla a manera de charola, sostenía en una mano.

-¿Y usted, elabora los dulces?
-Si señora, pruébelos, están muy ricos...
-Si, claro ya veo, pero...¿Usted, compra tamarindo?
-Sí, aquí en la merced...
-¿Qué tanto compra?
-Dos y hasta tres toneladas cada tres meses. 
Con mis hijos y tres empleados más elaboramos los dulces en un pequeño taller de mi casa en Ixtapalapa...

Después de escucharlo, mi mamá le ofreció llevarle tamarindo a un precio que don Francisco no creyó. En poco tiempo, inició una sociedad comercial que detonó en un emporio. De aquella humilde familia que elaboraba dulces y cocadas, nació un prospero magnate:  mi compadre Francisco Torres Montiel Jr, ingeniero mecánico por el politécnico, que con su ingenio, invento máquinas para fabricar sus productos. Estos empezaron a tener gran demanda al grado que fue necesario comprar un gran terreno en que se edificaría lo que hoy es un monstruo comercial. De una planta de tres trabajadores, se hizo imperioso contratar más personal.
Sin duda, el haber encontrado una proveedora como doña Ruffus, había favorecido los costos de producción y "Pancho" no ocultaba su agradecimiento a mi madre. Esa amistad quedó sellada cuando vino a Cruz Grande a apadrinar a mi hija Vianella en su bautizo.
Hoy grupo Frato opera desde Miami, Florida. Cuestiones de la inseguridad hicieron que Pancho se fuera de México; había sufrido ya dos secuestros.
Los productos de Frato, antes Tamaroca, hoy son vendidos por tiendas como Samborns.
Era tan fácil hacer negocio con Pancho que en ocasiones nos sorprendía.
-¡Doña Ruffus, no tengo para pagarle el tamarindo en estos momentos. Quédese con mi Ford Topaz y ahí muere, mande a Tito por él!
Esos fueron los días...